domingo 15 de marzo de 2009

II DOMINGO DE CUARESMA

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

Lecturas para el II Domingo de Cuaresma

Gen. 22 , 1-2.9-13.15-18 (El sacrificio de Abraham, nuestro padre en la fe)

Rom. 8,31b-34 (Dios no perdonó a su propio Hijo).

Mc. 9,2-10 (Transfiguración del Señor).

Breves ideas para la reflexión

En este 2º domingo de la cuaresma el Señor nos muestra el fundamento de nuestra identidad de Hijos de Dios. Sólo reconociendo que somos hijos de Dios, estaremos en condiciones de cambiar nuestra vida, de transformarnos.

Para comprender la Transfiguración, debemos tomar en cuenta el anuncio que Jesús les acababa de hacer acerca de su próxima pasión, muerte y resurrección en Jerusalén. Los discípulos no habían comprendido qué quería decir Jesús con esas palabras, pues de hecho Jesús le había dicho a Pedro: "Aléjate de mi Satanás" cuando quiso persuadirlo de no ir a Jerusalén a morir. Por lo tanto, en un primer mensaje, la transfiguración será una confirmación a los apóstoles de la vida divina y la Gloria de la que Jesús daba testimonio con su vida.

Ante tal experiencia, Pedro respondió: "Hagamos tres tiendas". Aunque pareciera infantil, es comprensible la actitud de Pedro, porque cuando se vive la presencia de la vida de la gracia tan profundamente, uno no quiere hacer otra cosa sino quedarse ahí.

Tal vez nos ha sucedido lo mismo a nosotros en algunas ocasiones: cuando nos encontramos en un ambiente agradable, de paz, donde la fe vence al miedo y la caridad al egoísmo, uno quisiera quedarse ahí para siempre. Por eso comprendemos esta actitud de Pedro. Pero la experiencia ahí no terminaba, Dios tenía un anuncio que hacer: "Este es mi Hijo amado, escúchazlo". Este es el segundo mensaje de la Transfiguración: confirmar a Jesús en su identidad de Hijo de Dios. La presencia de Moisés (símbolo de la Ley) y Elías (símbolo de los profetas), no son sino la confirmación de la plenitud que Jesús venía a traer tanto al sentido de la Ley, como al anuncio de los profeta.

¿De dónde brota esa luz brillante que envolvía a Jesús? De su interior, de su vida de gracia, de su ser Hijo de Dios. Por lo tanto, en este camino de conversión por el que vamos caminando, hemos de buscar principalmente si estamos convencidos de verdad, de que somos hijos de Dios, si vivimos como verdaderos hijos de Dios, si tratamos a los demás como hijos de Dios.

Desde que fuimos bautizados ¡todos somos hijos de Dios! ¿Realmente vivimos como hijos de Dios que somos? ¿Nos dejamos "transfigurar" por la vida divina que llevamos dentro de nosotros?

Transfigurarnos significaría así: dejar que la caridad venza nuestro rencor, que nuestra fe y esperanza venzan nuestro miedo, que nuestra generosidad venza nuestra insensibilidad y ceguera para reconocer la necesidad de mi prójimo. Tal vez cada uno conoce mejor, qué significa para él transfigurarse, es decir vivir la vida de hijos de Dios que desde el bautismo hemos recibido gratuitamente y dejar a un lado las actitudes y prácticas que nos alejan de nuestra verdadera identidad.