
PRIMER DOMINGO DE CUARESMA
Lecturas para el I Domingo de Cuaresma
Gn. 9, 8-15 (El pacto de Dios con Noé salvado del Diluvio).
I Ped. 3, 18-22 (El diluvio, figura del Bautismo).
Mc. 1, 12-15 (Tentaciones de Cristo).
BREVES IDEAS PARA LA REFLEXIÓN
Iniciamos este primer domingo la cuaresma.
En la primera lectura de las tres primeras semanas de cuaresma, se nos narran las tres alianzas más importantes del pueblo de Israel:
La alianza con Noé.
La alianza con Abraham.
La Alianza con su Pueblo Israel a través de Moisés.
Esto nos marca cuál es el sentido de este tiempo cuaresmal: "renovar nuestra alianza, nuestro pacto, nuestro amor con el Señor". Dios ha prometido muchas veces protegernos, guiarnos, alimentarnos con su amor y su paz, en una palabra salvarnos; pero, ¿y nosotros, cómo hemos respondido a tal alianza?
Para andar este camino de conversión debemos de estar conscientes que no lo podemos andar solos, sin la ayuda del Señor; por eso en el Evangelio de este domingo escuchamos lo que le sucedió a Jesús.
Jesús es guiado POR EL ESPIRITU hacia el desierto.
Lo primero que nos podríamos preguntar es ¿a qué iba Jesús al desierto?
Si Jesús es guiado por el Espíritu de Dios, lo más seguro es que Jesús caminaba por el desierto buscando encontrarse con Dios, su Padre.
Entonces el desierto es un lugar de encuentro, de renovación de la alianza que Israel había hecho con Dios en el desierto y por eso la presencia del Espíritu es primordial; pues es Él quien transforma el corazón del hombre, es el Espíritu de Dios quien nos permite encontrarnos frente a frente con el Señor y por último es por Él por quien se puede vivir la alianza con Dios.
Jesús caminaba hacia un encuentro con el Señor, pero Satanás intenta obstaculizarla, por eso tienta a Jesús y al rechazar la tentación logra encontrarse verdaderamente con Dios, su Padre; por eso su experiencia del desierto lo prepara para iniciar su misión: instaurar el Reino de Dios entre los hombres; es decir, restablecer la alianza eterna que Dios había realizado con Israel.
Esta alianza que Dios estableció con Noé y que después la llevó a plenitud con Jesús, es la misma alianza que nos sostiene hoy como hijos de Dios. La promesa de Dios de permanecer con nosotros, de protegernos y guiarnos hacia su Reino es real y actual para nosotros. Pero, ¿cómo vivimos esta alianza con Él?
Esta cuaresma que iniciamos es un tiempo privilegiado precisamente para "enderezar el camino", para arrepentirnos de nuestras faltas y reconocer que no hemos correspondido a tan grande amor como se merece Dios.
La cuaresma es también el tiempo del Espíritu, pues así como impulsó a Jesús a adentrarse en el desierto, nos impulsa también a nosotros a renovar nuestra relación con el Señor. No nos dejemos vencer por Satanás, él intentará hacernos sentir que vamos bien, que no tenemos de qué convertirnos; pero nuestro criterio no ha de ser la mediocridad sino la santidad. Miremos la Cruz de Cristo, esa ha de ser la medida de nuestro amor; si no lo estamos viviendo así, es porque algo tenemos que mejorar en nuestras vidas.
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